Amo ser una mujer ocupada,
ni siquiera me había dado cuenta de que ya era una mujer.
Amo ser una mujer ocupada.
No de esas que ya no tienen tiempo para lo que prometieron a principio de año, pero sí de un término más mediano.
Amo moverme entre la locura de la gente y el silencio de la soledad.
Amo el movimiento, aunque me cueste un poco moverme.
Amo nunca dejar de cuestionar, porque si alguna vez lo dejo, dejaré de sentir que busco algo.
Amo retorcer la realidad y a la vez me cuido de nunca escaparme de ella.
Amo estar consciente de más de lo que creí alguna vez poder estar,
aunque esto me signifique muchas veces preferir estar sola o alejarme de lo que ya no es como antes.
Me cuesta, pero amo ver más allá y saber cuando algo no resultará.
Ver más allá a veces duele, pero así aprendí a ver "más acá",
y acá todo es más liviano.
Acá todo es más pequeño, más presente y más calentito,
aunque siempre siga consciente de que es sólo un instante.
Nada es para siempre, lo sé.
Y a veces soy torpe porque busco lo eterno en lo que nunca lo será,
pero luego me río y digo:
"bueno, y es que para eso soy humana; para ser torpe".
Y me da mucha risa mi torpeza. Quizás por eso sigo siendo torpe. Me gusta mucho reir.
...nada es para siempre...
quizás por eso estoy sola.
Pareciera que me encantara estar de duelo.
Cuando me recupero de perder a alguien o algo, ya estoy comenzando a perder algo más.
Jamás creí que hablaría de "términos medios".
Jamás creí que aprendería a desapegarme de cosas y personas que sé que antes jamás dejaría escapar.
Y si hablamos de escapar, soy una experta.
No soy velocista, pero sí una escapista.
Pero, una vez me topé con alguien de quién no pude escapar y me dije:
"oh, mira, sigues aquí y estás de pie"
Parece que podía aguantar tanto como escapar.
Y entonces conocí lo que era confrontar, aguantar y mantenerse de pie.
Pero también aprendí a retirarme, sin necesariamente escapar.
Y entonces tuve que decidir cuándo me escapaba, cuándo aguantaba y cuándo me retiraba...
Porque sigo siendo una buena escapista. No lo dejaría.
Pero hay momentos para cada uno.
Escapando pierdo.
Aguantando me desgasto.
Y retirarse es bueno, pero el orgullo se congela.
Se congela y luego se quiebra.
Al principio cuesta aprender a retirarse, porque el quiebre duele,
pero luego estás tan quebrado que ya todo da igual; sigues estando, entonces...
¿A quién le puede importar ya si estás quebrado o no?
Ah claro, quizás al que pregunta todos los días "¿cómo estás?"
... no le vas a decir que estás quebrado, hay que decir que estás bien, sin importar qué esté pasando afuera o adentro.
Por eso no respondo.
Por eso nunca respondo.
Y cuando respondo digo: "de la misma inerte forma en qué preguntas; bien, ¿y tú?",
que por alguna extraña razón se escucha finalmente sólo como un "bien, ¿y tú?"
Ni siquiera me importa escuchar la inerte respuesta,
pero por otra extraña razón, mi opinión tampoco se escucha.
Algunos creerán que estoy loca,
pero yo sé lo qué es estarlo.
Es una de las veces que agradezco saber muy de cerca lo que es estar loco,
Esas veces en que me pregunto: ¿realmente estaré loca?
"Ah no, el que está loco es el de al lado"
"Ese que no tiene el juicio de juzgar locura, mientras que yo sí"
"Ese sí que está loco, mientras que yo no lo soy por sufrir más por tener mi locura, que por la locura en sí misma".
---
Un día conocí la libertad.
Ese mundo donde todo es libre y entendí que nada se escapa, que sólo viene a mí lo que tiene que venir.
Otro día conocí la fórmula para aprender a movilizar mis deseos.
Y estos se cumplieron.
Un tercer día descubrí que había una fuerza más grande que yo y que sólo con mirarla esta me guiaba.
Como si hubiera algún sentido...
como si todo tuviera algún sentido...
Y no sé qué sentido sea, pero yo confío y me dejo guiar.
¡Para allá voy!