Durante mucho tiempo alguien me atacaba por dentro. Alguien dentro de mí estaba en contra de todo lo que tuviera sentido. Nunca entendí quién era ni qué pretendía. Era imposible entenderlo. Yo sólo cumplía sus dulces e impulsivas órdenes sin siquiera cuestionarlas; no había espacio para eso, sin duda, estaba luchando contra alguien más fuerte.
Un día todo se derrumbó... Sólo ahí todo se entendió. Era la Razón que apareció entre los escombros. Y sólo la Razón pudo comprender qué era lo que había sucedido; pudo entender que los ataques que recibía venían de alguien que ahora había perdido el mando junto con una batalla que era, razonablemente, imposible de ganar.
Todo cambió. El antiguo mando estaba derrotado; ya no habrían más problemas. Era otra ahora quién tenía el mando; la estructurada Razón. Ella tomaba decisiones muy correctas, ponía límites donde correspondía ponerlos, y, por supuesto también, dejaba afuera a quien no tuviera espacio en asuntos racionales y a cualquiera que llegara a desatar un caos como el anterior.
Una nueva batalla fría comenzaba a desarrollarse. la Razón quiso vengarse encerrando al extraño enemigo, quién sufría encerrado y sin derecho a nada. Había decidido tomar el mando en soledad para poner todo en orden.
Todo marchó bien un tiempo, pero era inevitable que la Razón no recordara de vez en cuando los momentos en que todo estuvo mal y que en ellos existía alguien más ahí a quién antes no había visto y que aún no conocía realmente. Un extraño sentimiento la invadía; tan extraño como su enemigo. Era algo que no tenía ningún sentido, cómo solía ser todo en comienzo; tan irracional como su enemigo. Intentando encontrar la razón de todo esto, comenzó a visitar a su enemigo. Algo que no tenía sentido le quitaba su soledad y le hacía sentir... La Razón había conocido al Corazón.
La Razón, con el tiempo, entendió cómo actuaba el Corazón y, una vez más , ya nada era como antes. Habiendo conocido a alguien a quién antes ignoraba aunque siempre había estado ahí; antes generando caos y ahora encerrado, la Razón dijo: "El Corazón es un disparate que necesita de alguien como yo que lo controle y yo necesito al Corazón para sentir".
El Corazón y la Razón ahora se conocen. Era sólo la Razón quién podía entender que alguien más había allí. El Corazón por supuesto nunca habló, sólo sintió. La Razón entendió que ya no había forma de ignorar a alguien a quién pudo ver, el Corazón sólo sintió. La Razón sabe que ambos han perdido libertad pero que han ganado algo más trascendental, el Corazón sólo siente.
Ahora puedo sentir y razonar. Ha nacido el verdadero CoRazón.
