A veces me pregunto qué hacen esas personas ahí tan quietas día y noche. No pueden ser árboles, pues ya olvidaron el olor a semilla y el olor a sombra. A veces pienso cómo sería detenerse algún día en la calle y abrazar a uno de estos hombres de pelo verde... Probablemente se olvide de su identidad, se asuste y salga corriendo...
(Cuando tuve que elegir mi cuento para el repechaje de Santiago en 100 palabras ¡pude rescatarlo! Este era el cuento que me faltó respaldar)
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