domingo, 12 de julio de 2015

Para que llegue algo nuevo, hay que dejar algo atrás

Un día la música electrónica fue mi todo. Una depresión que duró seis años me hundía y ahí conocí el Hardstyle. Me levantó con su fuerza, me contagié de su energía. La energía que no tenía él me la daba y muchos no entendían cómo era capaz de saltar de principio a fin sin siquiera parar. Era algo que necesitaba. Necesitaba sentirme viva, sentir que había energía dentro de mí. Siempre la hubo, pero no había nada más que me hiciera sacarla afuera. ¿Cómo no volverme fanática de la música a la sombra de la ausencia de mi padre?

La energía que logró salir de mi interior gracias a todo esto, me llevó a donde algo más profundo e importante me estaba dirigiendo quizás desde hace cuánto atrás. De repente -casi ni sé cómo-, me vi estudiando una carrera muy inusual. La impredecible sombra de mi padre dijo: "vamos". Se preocupó de preguntar si en la Universidad tenían deportes, sin darse cuenta que no tenía una hija deportista. Era la sombra de mi padre que decía "vamos" porque había deportes. Y ahí estaba yo. Ahí estuve yo algunos años intentando conciliar dos amores tan distintos; mi música y mi carrera. Siempre supe que no podía dedicarme a las dos cosas, pero saber no significa precisamente que uno asuma. Ahí seguía yo; haciendo "como-si" pudiera conciliarlos. Me titulé y nunca lo logré. "Esto es muy Scleranthus" decía mi lado terapeuta. "Puedo ser dj los fines de semana y terapeuta de lunes a viernes", decía alguien dentro de mí que no estaba enterada de que mis actitudes obsesivas no me iban a permitir conciliar.

Salió lo mejor de mí de ambas. Tal como hubiese querido mi padre. Noches sin dormir y dolores de estómago que sólo se quitaban comiendo fideos blancos -que mi madre siempre estaba dispuesta a preparar- me llevaron un día al escenario más grande de la música electrónica y a una de mis mejores presentaciones y experiencias como dj, y otro día, a armar un proyecto de tesis sola en tan sólo 3 semanas obteniendo como nota un 68. Pero no había más concilio que la convicción de que con sólo un objetivo en mente soy como un misil, y que con dos, me pierdo como lluvia en el mar. No logré vivir un sólo día con la fuerza de dos objetivos.

Un día en el año 2012, mi vida se convirtió en un caos. En  seis meses recibí cuatro de los peores golpes que he recibido en toda mi vida. El futuro de mi carrera casi se detiene y el hermoso mundo de la electrónica que me había sacado de un hoyo, ahora se me hundía. Naufragué, pero no me hundí porque tenía la energía que me había dado la música, tenía herramientas que me había dado mi carrera y por fin tenía algunos rayos de la luz de la fuerza de mi padres que siempre hubo en mí.

La fuerza que se mantuvo fue la de continuar con mi carrera. Vi caer lo que significaba el mundo de la electrónica como si se descascarara. Se le caían los pedazos. Estaba arruinado. No tenía fuerza y no tenía luz. No tenía más que un vacío. Era un holograma levantado a partir de un vacío muy oscuro y la poca luz que tenía para serlo era nada más que la música en sí, pero nadie está ahí sólo por la música. Todo lo demás estaba sostenido sin cimientos y mientras más se desmoronaban, mi carrera se volvía cada vez más sólida, y yo -con ella-, también. Por otro lado, el padre que había dicho "vamos" a lo-que-nunca-supo-qué, dejó de dormir para lograr financiar el doloroso tratamiento de mi hermana y para que a la vez no perdiéramos las propiedades que había logrado comprar para principalmente asegurar el si-es-que-futuro de mi hermana. El financiamiento a "mi carrera deportiva" se alejaba de continuar cómo había sido hasta entonces.

Lo mío tomaba tanta fuerza que conseguí una beca y un crédito. Conseguí una beca por rendimiento teniendo 11 ramos porque tenía la fuerza de un misil; la que ya conocía, y de la que a veces también temía. Mantuve mi beca y terminé mi carrera con un promedio 60, aún cuando los primeros años sólo me dediqué a echarme ramos y a pasar algunos otros con nota 40, entre estar enferma, trabajar, y dedicar mis fines de semana a la música electrónica... ¡un misil no puede ser misil así!

Entonces, en cada fuerza de misil estrellado, descubría que lo que algún psiquiatra alguna vez llamó "rasgos obsesivos" -además de serlo por supuesto-, eran mi gran poder en la vida, y que si lo usaba... salía lo mejor de mí.

No pude vivir con esto. No pude conciliar. No tuvo sentido intentar ser algo que no soy. No soy "ni fu, ni fa". Siempre fui SÓLO-FU o SÓLO-FA. Nunca quise elegir porque la fuerza de un misil tiene su riesgo y tiene sus contras. Siempre supe que algún día tenía que elegir, pero me di vueltas en una galaxia interminable. Tenía que dejar mucho atrás. Tenía que hacer un esfuerzo por mantenerme equilibrado para no olvidar comer o dormir. Tenía que mantener la intención clara para que el misil llegara donde tenía que llegar. Y la intención se pierde cuando el ego se interpone, así que tuve que trabajar para que el ego no aparezca más que lo que debe aparecer... entonces... de pronto en mi amado mundo de la electrónica no encajé. Y seguí intentando conciliar, y no lo logré. Descubrí el propósito de mi vida, y no logré conciliar. Descubrí mi misión, el por qué elegí encarnar aquí..., y no logré conciliar. Intenté mediar y perdí la fuerza del misil, perdí mi potencia, perdí el rumbo, perdí lo mejor de mí, perdí la intención y con la intención ahora me muevo, entonces iba camino a perderlo todo y lo sentí como cuando sientes algo que ya pasó...

Tuve que elegir. Patalié porque elegir significaba también renunciar.

Si vine a hacer algo a este plano, lo voy a hacer bien porque nada hasta ahora fue fácil, y si llegué hasta donde he llegado después de mirar por todo lo que pasé, me gustaría que la fuerza de mi misil venga a hacer lo que vino a hacer.

A mis 27 años y medio -casi a punto de pasar a mi cuarto septenio- decido retirar mi fuerza de Mademoiselle X. No de mi gusto por la música, no de tocar por hobbie (aunque nunca vuelva a suceder), o de la idea de algún día crear música, si no que abandono mi camino como dj, mi camino a "la fama" y a la idea de aportar algo realmente importante desde ahí, porque nunca fue nada más que solamente una ilusión para mi real propósito en esta vida, y lo que me ayudó a sacar energías para encontrarlo...

Lo abandono porque para que llegue algo nuevo, hay que dejar algo atrás.

Quiero levantarme todos los días en función de sólo una cosa. Continuar el trabajo que dejé el día anterior. Quiero un eje, una dirección. No quiero 10 avatares de mí misma que hagan cosas distintas cada uno. Me quiero a mí misma. Quiero mi intención y mi fuerza en una sola cosa, porque el camino que estoy eligiendo es también para otros y ello implica una gran responsabilidad. Quiero aceptar quién soy y no volver a perderme. A lo que tenga que renunciar, renuncio.

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