Un día me estrellé con una persona que era distinta. Podía imaginar cosas que nadie más podía imaginar, y más aún, podía creer en ellas. Vi como los demás no lo escuchaban. Vi como los demás lo apartaban porque no podían imaginar ni concebir lo mismo. Era más fácil reír. Vi como lo dejaban solo por no poder sostener algo así. Los entiendo. Deben haber tenido tanto miedo a la locura que no estaban dispuestos a aceptar una. Los entiendo porque un día me volví loca por 3 segundos y ha sido una de las experiencias más desagradables de mi vida.
Mucho tiempo después volví a toparme con esta persona. Los fármacos que ahora le daban a veces no impedían que afloraran sus pensamientos extraños, pero algo había de distinto esta vez. Algo habían hecho para lograr que él creyera que sus pensamientos extraños eran realmente extraños. Pero igual los tenía. Ahora era angustioso para él saber que no los podía tener. Me dijo angustiado: "estoy pensando muchas cosas raras al mismo tiempo". Cualquiera lo hubiese ignorado, pero le respondí: "¿qué cosas?", y me dijo "es que mira a la niña de la foto; es la Maca. Estoy pensando en que a lo mejor está cambiando su voz porque le debe convenir. Algo le tiene que estar pasando con su voz.... Y no entiendo por qué estoy pensando esto...". Recordé mis angustiantes 3 segundos de locura e imaginé que algo que los hubiera aliviado sería que hubiese aparecido alguien que me dijera: "sí", pero que me sacara de ahí. Le dije entonces: "Uno siempre piensa cosas raras que muchas veces no tienen sentido, pero la clave está en saber volver a lo importante". Se calmó tanto...
Ahora pienso que el gran esfuerzo que nos significa validar el mundo loco que tienen los demás podría hacer un mundo muy distinto.
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