miércoles, 12 de diciembre de 2012

Trocitos de micro


Hay personas que se desesperan en su viaje en micro.
Buscan ofuscadamente qué hacer para que el viaje termine pronto. Es como si estuvieran conectados a una matrix de la micro, y cada vez que esta frena y se detiene más de lo habitual, reciben una señal de alerta que seguramente les hace secretar adrenalina.
Dentro de las opciones que resultan eficaces para desconectarse de este mecanismo que los desequilibra a diario, existe la siestecita móvil, la lectura express, la imposición del reggaeton y la choreza, y el viaje a Marte con música, pero nuevas opciones...
Y mientras las personas tratan de escapar encerrando sus sentidos a un aparato que sólo les muestra lo superficial de "sus amigos" o limitando la comunicación a frases cortas y vacías de real contenido... yo amo viajar en micro.
Es la instancia en que estoy más cerca de la gente que nunca estará a mi lado. Y aunque siempre haga el mismo recorrido, siempre disfruto ir mirando a la humanidad y lo que ha hecho del mundo. Veo los edificios, a las personas haciendo cosas extrañas, los pequeños cambios que pueden aparecer de un día a otro, etc., y lo más importante; los árboles; los pocos árboles que aún quedan entre tanta dureza. Esos que todavía intentan seguir siendo árboles aunque ya todos los confundan con personas de pelo verde, con postes o simplemente con "la parte del paisaje que hay que ignorar", aunque ya olvidaron que sus verdaderas raíces están en la tierra y no en el cemento ¿o es que acaso de acordarán de lo que es la tierra?. Aquellos árboles que olvidaron el olor a semilla y el olor a sombra. Aquellos árboles que estando en medio del caos, son los únicos que estando en fila, mantienen el orden. Los que están condenados a mantener la fila que crearon los animales que inventaron la fila y no hacen filas.

 A veces pienso cómo sería detenerse algún día en la calle y abrazar a uno de estos árboles... probablemente olvide quién es y salga corriendo...

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